Los cambios, las
imperfecciones,
tu voz retando al silencio,
el eco de los besos,
la vida llena de susurros
llenos de risas... ¡Qué gozada!
Los cambios siempre son necesarios. Hazlo. Vive la vida que
te apetezca, salta de un lado a otro y baila al compás de cualquier melodía. Enamórate
de ti, de la vida, de alguien que te haga sentir. Escucha la música a todo
volumen y piérdete sin brújula. Lee hasta las tantas, ríe hasta que te duela la
barriga, habla sin mirar la hora y sigue lo que tu corazón grite cada vez que
late.
Ve a París, Roma o Berlín. Donde quieras. Con un billete sin
vuelta, con una muda en la maleta y un mapa lleno de garabatos.
Háblale, que les den a las inseguridades. Díselo, todo lo
que sientes. Que te llevarías cada madrugada escuchándolo, que pasearías por
cada calle de la ciudad de su mano.
No te niegues a ti misma lo que deseas. Haz lo que quieras,
no tengas miedo. Disfruta de tu vida a tu manera. Acaricia cada segundo como si
fuera el último, vive tu propia película, ponte los auriculares. Sonríe a los desconocidos
y no niegues el paisaje de cualquier risa. Entrégate en cada conversación y
escucha con atención cada destalle. Viaja en las historias que te cuenten y léelas
entre palabras.
Alíate con la libertad y grita por lo que luchas. Levanta
la voz, oírte es un placer.
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