Ella que habla de sus pasiones con el corazón rozando la
punta de su lengua, los ojos brillantes y el estómago lleno de esas comunes
mariposas. Que sonríe cada vez que la miras y te regala un guiño de ojo
acompañado de cualquier gesto de ánimo. Ella que es luz, que camina pegando
saltos y no esquiva los charcos. Que le gusta el amarillo, enfrentándose a las
supersticiones. Que le gusta cantar bajo la ducha y delante de cualquier
persona, una canción inventada en un idioma improvisado y con una coreografía
jamás vista. Ella que es así. Que cae y se levanta, al día siguiente o al mes y
qué. Los días de mierda no son tabú en la felicidad.
Ella que sonríe a su reflejo en cualquier lago, que
acaricia su cuerpo con amor y se pierde en las conversaciones ajenas. Que te
escucha y te siente. Que te susurra y te aconseja aun sabiendo que no le
echarás la mínima cuenta. Ella que viste de rosa y de negro. De azul y de rojo.
De gris y de verde. Que le gusta los colores alegres y apagados. Que le gusta
la vida y está dispuesta a vivir cada uno de sus segundos. Ella que se choca
con obstáculos y sueña despierta. Que cumple sus metas y otras se quedan
escondidas en un rincón. Ella que es imperfecta y eso le hace aún mejor. Ella
que con los ojos cerrados te diría que ve blanco. Y que el miedo tiene un trozo
en su corazón, pero no superior a la valentía.
Ella que es ajena de la magia que desprende.

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