sábado, 17 de marzo de 2018

Ella




Ella que habla de sus pasiones con el corazón rozando la punta de su lengua, los ojos brillantes y el estómago lleno de esas comunes mariposas. Que sonríe cada vez que la miras y te regala un guiño de ojo acompañado de cualquier gesto de ánimo. Ella que es luz, que camina pegando saltos y no esquiva los charcos. Que le gusta el amarillo, enfrentándose a las supersticiones. Que le gusta cantar bajo la ducha y delante de cualquier persona, una canción inventada en un idioma improvisado y con una coreografía jamás vista. Ella que es así. Que cae y se levanta, al día siguiente o al mes y qué. Los días de mierda no son tabú en la felicidad.

Ella que sonríe a su reflejo en cualquier lago, que acaricia su cuerpo con amor y se pierde en las conversaciones ajenas. Que te escucha y te siente. Que te susurra y te aconseja aun sabiendo que no le echarás la mínima cuenta. Ella que viste de rosa y de negro. De azul y de rojo. De gris y de verde. Que le gusta los colores alegres y apagados. Que le gusta la vida y está dispuesta a vivir cada uno de sus segundos. Ella que se choca con obstáculos y sueña despierta. Que cumple sus metas y otras se quedan escondidas en un rincón. Ella que es imperfecta y eso le hace aún mejor. Ella que con los ojos cerrados te diría que ve blanco. Y que el miedo tiene un trozo en su corazón, pero no superior a la valentía.

Ella que es ajena de la magia que desprende.

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