miércoles, 14 de febrero de 2018
Adiós
No hace falta que vengas con ramos de rosas blancas ni que me abras la puerta para ojear el vaivén de mis caderas al pasar por delante, cierro la puerta a cupido y le robo las flechas que estaban a punto de atravesar nuestro amor. Antes de que los hielos del whisky se derritieran, tus palabras de promesas vacías se perdieron en el líquido que vertía entre mis labios que un día fueron sellados por los tuyos dejándote la marca de mi pintalabios carmín. Dejó de importarme no dormir las noches a tu lado y disfruté del colchón con sábanas frías rozar mi piel sin tu compañía. Los días comenzaron a cambiar de color grisáceo a un llamativo amarillo que hizo eco en el brillo de mis ojos que ya no reflejaban nada de ti, bendita cordura que ha vuelto después de unas vacaciones pasajeras por tu cuerpo que quedó impregnado de mi aroma de jazmín.
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