miércoles, 14 de febrero de 2018

Dale al play

Busca en tu carpeta de música favorita. Comienza a bailar cada una de ellas sin pensar en más, aumenta el volumen y baja los pensamientos a cero. Grita la letra de la canción que acabará pareciendo ser un diario escrito por ti, tírate al suelo e imagínate haciendo un solo de guitarra mientras el cepillo del pelo espera ser utilizado como un micrófono. Y salta, que los vecinos se quejen del ruido, qué más da. Sigue haciéndolo. Y cambia de canción, vuelve a creer que estás en mitad del Madison Square Garden y que la multitud de personas siguen tu ritmo haciendo que todos seáis uno. Y olvídate de ese problema que limita tu felicidad, de esas personas que solo quieren juzgar cada uno de tus pasos, de ese pensamiento desganado que tuviste recién despierta pensando que era otro día lleno de rutinas infelices.
Y sigue bailando, más alto, con más fuerza. Cambio de canción, esa te encanta. Te sabes la letra perfectamente, y con el mínimo gesto de cerrar los ojos, te sientes libre, feliz, energética, afortunada, con ganas de vivir, queriendo más, mucho más de lo que jamás pensaste querer.
Entonces la música para, los vecinos se quejan, los problemas vuelven, pero tú no. No has vuelto porque ahora estás sonriendo mirando el techo blanco que se ha convertido en el único testigo de un momento de libertad.
¿Y por qué no sentirse así todos los días de nuestra vida?
Solo dale al play.

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