Dedícate todo el tiempo en quererte, en sentirte a ti misma
y en conocer tus sueños para ponerte manos a la obra. Túmbate en la cama y haz
del techo aburrido, una aventura por cumplir. Ve al cine, a llorar o a soltar
carcajadas libres. Acaricia tus defectos y ámalos. Pasea por las plazas llenas
de personas con historias mágicas y enamórate de la tuya, piérdete en las
miradas ajenas y valora las sonrisas desconocidas. Quiérete cada segundo más y
echa de tu vida los obstáculos que aparecen cada vez que lo intentas ¡qué le
den!
Céntrate en ti, y defiende cada una de tus decisiones. Pide
consejos que después darás la espalda, y si te equivocas…aprende. Pero
equivócate, no es nada malo, es maravilloso. Sigue tu ritmo, ese que a veces te
planteas si es el mejor, lo es. Y es completamente tuyo. Y si alguien no lo
respeta, ábrele las puertas para que se marche.
Escucha música a toda voz hasta que los vecinos se quejen y
acaben bailando contigo. Grita lo que te plazca cuando quieras. Disfruta de ese
hobby que muchas veces dejas de lado por otras cosas insignificantes. Vive tu
vida y que nadie la viva por ti.
Saca del cajón de tu alma los deseos más escondidos y quien
quiera poner una mano en tu espalda para seguir a tu lado serán las personas
adecuadas. Respira canciones, libros, tés, cervezas, risas, lágrimas de
emoción. Celebra lo bueno que te pase y lo malo…le encontrarás una solución,
pero en el proceso sé feliz. Sé consciente de lo bonito que te rodea, del mundo
que te pide a voces que lo viajes.
Abrázate a esa noche que te juraste que no habrá más
reproches innecesarios, apaga el teléfono que te juega malas pasadas y enciende
el pensamiento que vagabunda por tu mente suplicándote un me quiero sincero.
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